
Al levantarme en la mañana, me sujete muy fuerte a la almohada, realmente no quería soltarla, sentí como tu ausencia era menos pesada y cruel.
Me levanto como siempre, entregada a la rutina, recorro los pasillos tan familiares, pero que a la vez son un enigma para mi, de repente, son tus ojos los que se cruzan con mi mirada perdida, caminas hacia mi, y me tomas en tus brazos. Pero el ruido del despertador me proíbe besarte.
Al mirarme al espejo, me sacudo la tristeza y trato con esfuerzo de sacar una sonrisa; quiero calmarme para no llorar, y es tu imagen la que inunda en mi mente.
Eso de tener que despertar cuando creo que estas ahí, voy a tu habitación con la desición de decirtelo, eh querido que sepas desde cuando extraño, quiero explicarte que no sé desde cuando estas en mi mente, pero es agradable.
El sonido del girar de la perilla agita mis sentidos y acelera mi corazón, y es cuando te encuentro y tu mirada hace que mis rodillas tiemblen y yo tartamudee.
Me acobardo pero aun así, vuelvo feliz a mi habitación, porque no sé si sea la última vez; pero estoy segura que hoy, estube más cerca que ayer...
Este escrito es realmente viejo, me gusta bastante,
en memoria de los viejos tiempos y los insabores del pasado
en memoria de los viejos tiempos y los insabores del pasado

