Me quedé aquí, escribiendo cartas de amor en la arena, haciendo corazones de papel y arrojándolos al mar de las oraciones desterradas.
Me encontré con tu encanto perdido, vagando entre desiertos y espinas rosas, contemplando el color del calor y tu partida.
Estuve pensando en la sombra que había entre cada paso que daba, terminé con una siesta entre ligeros sonidos lúgubres y una tierna mentira tuya.
Me quedé jugando con las palabras abandonas y esos detalles carcomidos por tu voz, estética composición que me perturba…
Permanecí abrazada de tu recuerdo y de la melancolía, inconciente de toda esta realidad pagana ¡y no voy a decir que no me muero!… y no voy a ocultar que agonizo, sólo déjame seguir caminando, cerrar este capítulo imaginando yo el final, creyendo en la última promesa que construimos y que terminamos por renunciar entre estos brazos que se separan más y más.






